Como norma general, siempre que nos explican un concepto
matemático, tendemos a mecanizarlo y ser capaces de resolver incomprensibles
sumas, restas, divisiones, multiplicaciones, raíces, potencias y todo ello con paréntesis,
corchetes, etc., Llega un momento en el
que a esas operaciones les añaden incógnitas, X, Y, Z, o el abecedario entero, y que algunas, pero solo
algunas veces, esas incógnitas son constantes. Esto no acaba aquí, según nos
adentramos en el mundo numérico aparecen ecuaciones, que dan lugar a funciones
que dan lugar a derivadas que se convierten en algo imprescindible para las
integrales, o para aprobar Cálculo I.
Pero, ¿cómo somos
capaces de entender, diferencias y resolver estas operaciones? Cómo ya he
dicho, mecanizándolo. Las matemáticas consisten en hacer ejercicios y más
ejercicios.
Cada operación tiene una utilidad, y unas características. La teoría matemática permite distinguirlas.
Además de los pasos que se deben de seguir para llegar al objetivo y resolver
esa operación matemática que tengamos ante nosotros.
En las dos próximas entradas nos dedicaremos a dos
operaciones que al principio sorprenden; derivadas e integrales, y después descubres
que ambas van unidas. Veremos su objetivo.
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